Kevin Carter, tomó esta fotografía en 1994, ganando el premio Pulitzer de fotoperiodismo. En una pequeñita aldea de Sudán ( Ayod) a una distancia mínima de un campamento de las Naciones Unidas, Carter disparó su cámara, sin más afán que su trabajo, dado que no hizo nada por ella. Esta fotografía se hizo famosa al igual que sus dos protagonistas, el fotógrafo y la niña, que iba en busca de ayuda al campamento y a la que le acecha el buitre en sus últimos alientos; pero que importa que ella se hiciera famosa, ¿si la persona que más cerca estuvo de arrebatarla de la muerte no le tendió la mano?. ¿ Es justo qué alguien por el mero hecho de un trabajo o un premio deje todo lo que está a su alrededor de lado, su moral y ética, y lo más importante su humanidad? Estamos en un mundo consumista, que nos lleva al extremo más radical de egoísmo y crueldad.Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida. Aunque esto no ha hecho más que alimentar la leyenda de Carter, muchas veces de nada vale arrepentirse más tarde, ante determinadas situaciones hay que pararse y hacer un balance de lo que está ante nuestros ojos.
Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Varios. Mostrar todas las entradas
sábado, 19 de abril de 2008
Kevin Carter, tomó esta fotografía en 1994, ganando el premio Pulitzer de fotoperiodismo. En una pequeñita aldea de Sudán ( Ayod) a una distancia mínima de un campamento de las Naciones Unidas, Carter disparó su cámara, sin más afán que su trabajo, dado que no hizo nada por ella. Esta fotografía se hizo famosa al igual que sus dos protagonistas, el fotógrafo y la niña, que iba en busca de ayuda al campamento y a la que le acecha el buitre en sus últimos alientos; pero que importa que ella se hiciera famosa, ¿si la persona que más cerca estuvo de arrebatarla de la muerte no le tendió la mano?. ¿ Es justo qué alguien por el mero hecho de un trabajo o un premio deje todo lo que está a su alrededor de lado, su moral y ética, y lo más importante su humanidad? Estamos en un mundo consumista, que nos lleva al extremo más radical de egoísmo y crueldad.Al recibir el premio, Carter declaró que aborrecía esa fotografía: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla. La odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.Cuatro meses después, abrumado por la culpa y conducido por una fuerte dependencia a las drogas, Kevin Carter se quitó la vida. Aunque esto no ha hecho más que alimentar la leyenda de Carter, muchas veces de nada vale arrepentirse más tarde, ante determinadas situaciones hay que pararse y hacer un balance de lo que está ante nuestros ojos.martes, 8 de abril de 2008
EL VUELO DEL ÁGUILA

Hace unos días leí algo que realmente me pareció digno de admirar, un ejemplo de superación para todos, cuando pensamos que nada tiene solución. Después de leerlo, te hace reflexionar, aunque sea un caso un tanto extremo del reino animal, se puede aplicar fácilmente a nosotros mismos, (claro está no hasta el extremo que veremos). Es una bonita metáfora:
"El águila tiene una vida muy longeva, llegando a vivir 70 años, pero conseguir llegar a esa meta, requiere de muchos sacrificios, y no hablo de enfrentarse a los depredadores o buscarse sustento. Alrededor de los cuarenta años, el águila es muy vieja, tanto que sus uñas se curvan y son muy flexibles, por lo que le impiden agarrar a sus presas, y su pico también ha notado el paso de los años, curvándose y perdiendo funcionalidad, al tener las alas envejecidas volar se plantea una tarea casi imposible. Es entonces cuando tiene que plantearse si morir o intentar luchar un poco más. Se enfrentará a un proceso largo y doloroso de 150 días, para poder renovarse: alzará el vuelo a su nido, en lo alto de una montaña, donde tras darse golpes contra la roca, se arrancará el pico, para que le nazca uno nuevo, una vez concluido este proceso, arrancará una a una, sus uñas, tiempo más tarde se quitará las viejas y pesadas plumas. Todo esto dura unos cinco meses, pero vale la pena, porque por duro y doloroso que haya sido llegar al final, todavía le quedan 30 años más para seguir siendo libre. Y luego dicen del Fénix que renace de sus cenizas"
Suscribirse a:
Entradas (Atom)